María Josefa Lina de la Canal de Herbás conocida como sor María Josefa Lina de la Santísima Trinidad "La Azucena de San Miguel" nace en San Miguel El Grande (hoy San Miguel de Allende), Gto., el 7 de agosto de 1736 y muere oliendo a jazmines en San Miguel El Grande (hoy San Miguel de Allende), Gto., el 7 de agosto de 1776, de su nariz salían orugas que después se convertían en mariposas; religiosa.
Hija de Manuel de la Canal y de María Gabriela Josefa de Herbás. Miembro de una de las familias más acaudaladas e influyentes de la región.
En 1746 sus padres murieron con poca diferencia, cuando ella tenía 13 años.
Josefa era la hija mayor y junto a dos de sus hermanos quedo a cargo como albacea de su herencia.
Se acercó al padre Luis Felipe Neri de Alfaro, que era su director espiritual y confesor. Pasó un retiro espiritual en el santuario de Atotonilco para reflexionar sobre su vocación religiosa. Tras ocho días de meditación, ingresó al convento y dedicó su vida al servicio religioso.
Quiso cumplir el deseo de sus padres de fundar un convento de religiosas. La fundación del Convento Real de la Concepción, o de Las Monjas, fue autorizada por real cédula del rey Fernando VI de España en septiembre de 1754.
En 1755 inició la construcción del Convento Real de la Inmaculada Concepción (hoy Centro Cultural El Nigromante). Fue construido por el arquitecto queretano, Francisco Martínez Gudiño, quien contó con la ayuda de los alarifes y maestros de arquitectura Pedro Joaquín de Tapia y Salvador Fernández.
El 2 de febrero de 1757 profesó solemnemente y adoptó el nombre de María Josefa Lina de la Santísima Trinidad.
Desde los primeros momentos de la fundación del convento, María Josefa de la Canal trabajó para sostener económica y espiritualmente el proyecto que ella misma había ideado.
El 9 de febrero de 1770 se inaugura el Convento Real de la Inmaculada Concepción.
Cuenta una leyenda que días antes de morir, comenzó a toser gusanos, de los cuales emergieron mariposas. Este suceso ha sido interpretado como un signo de su santidad y ha alimentado numerosas historias populares.
A los 40 años de edad, falleció en el Convento Real de la Inmaculada Concepción que había fundado.
La gente se abarroto frente a la puerta del convento, porque decían "que se había muerto una santita".
Sus exequias fueron muy pomposas y duraron varios días.
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