lunes, 2 de febrero de 2026

María-Letizia Ramolino (1750-1836)

María-Letizia Ramolino nace en Ajaccio, Francia el 24 de agosto de 1750 y muere en Roma el 2 de febrero de 1836; dama francesa; matriarca de la familia Bonaparte; Madame Mère.


Hija de Giovanni Geronimo Ramolino y Nobile Angela Maria Pietrasanta.  Hermana del eclesiástico, Joseph Fesch (arzobispo de Lyon entre 1802-1836 y cardenal).  Madre de Napoleón, María Anna, Napoleón (futuro emperador Napoleón I), José "pepe botella", María Anna, María Anna, Luciano, María Ana Elisa, Luis, Paulina, María Anunciada Carolina y Jerónimo Bonaparte.  Miembro de la nobleza corsa.  

Su padre falleció siendo ella una niña de cinco años.  Su madre volvió a casarse con el capitán François Fesch.  

Recibió una esmerada educación centrada en la religión y las artes, preparándose para ser una dama refinada, piadosa y perfecta ama de casa.  

Desde niña mostró gran interés y curiosidad por la economía, la historia y la política.  Siempre se interesó por la vida política de Córcega.  

El 2 de junio de 1764 y con 14 años, fue casada en un matrimonio de conveniencia con Charles Bonaparte, con quien tiene 13 hijos, de los que 8 sobrevivieron a la infancia.  

Su esposo dejó Córcega poco después de su matrimonio para estudiar derecho en Roma en los tiempos de Clemente XIII.  

El 15 de agosto de 1765 Letizia insistió en asistir a misa el día de la Asunción, y cuando regresó dio a luz a su hijo mayor.  Letizia Ramolino bautiza a su hijo Napoleón en honor a un "santo oscuro que no se había mantenido en crédito".  Letizia también quiso conmemorar a un tío, Napoleone Buonaparte, que había muerto en Corte en 1768.  Desgraciadamente el pequeño falleció el 17 de agosto de 1765.  

El 31 de agosto de 1765 Charles Bonaparte abandonó apresuradamente la ciudad de Roma, por motivos desconocidos.  En diciembre de 1765 en Córcega, Charles Bonaparte se incorporó a la recién fundada universidad en un curso de ética.  En 1767 tras graduarse, encontró empleo como secretario del líder de la República Corsa, Pasquale Paoli.  Cuando estaba embarazada de Napoleón Bonaparte, las tropas francesas, bajo las órdenes de Luis XV, invadían Córcega con el fin de anexionarla.  

A pesar de su estado, no abandonó a su esposo quien viajó por toda la isla en busca de apoyos a la causa corsa. 

El 15 de agosto de 1769 en Ajaccio, nace su hijo Napoleone di Buonaparte (futuro emperador Napoleón I).  Napoleón recibió este nombre que, por tradición familiar, se le daría al segundo hijo.  

Carlo Bonaparte se vio obligado a dejar sus actividades políticas.  

Los Bonaparte vivieron desde entonces en sus propiedades alejados de la vida pública.  

El 15 de noviembre de 1784 nació su hijo Girolamo Buonaparte (futuro Jerónimo I Bonaparte, rey de Westfalia 1807–1813; I Príncipe de Montfort).  


El 21 de mayo de 1775 su hijo Luciano Bonaparte (Príncipe de Canino y Musignano) nació en Ajaccio.


Se dijo que tuvo una relación amorosa con el amigo de su esposo, el conde de Marbeuf.  

Carlo Buonaparte posteriormente transforma su nombre en Carlo Bonaparte.  

En 1785 falleció Carlo Bonaparte.  

Con apenas 35 años y ocho hijos, quedó como cabeza de familia.  Gracias a su determinante austeridad y a la ayuda económica de sus hijos mayores, pudo mantener sus propiedades.  Fue una madre dura, severa, principalmente en la higiene de los niños, a los que obligaba a bañarse cada dos días en una época en que era muy infrecuente.  Nunca ocultó su predilección por su primogénito, José, y por el rebelde Luciano.  

En 1789 al estallar la revolución francesa, no pudo evitar que sus hijos se implicaran en el destino de Francia arrastrándola a ella misma a una vida lejos de su Córcega natal.  

Durante la revolución francesa, Napoleón Bonaparte se había posicionado del lado jacobino y se había enfrentado abiertamente a los nacionalistas liderados por Pasquale Paoli, un enfrentamiento que le obligó a él y a su familia a exiliarse a Francia en 1793.  

El escultor Antonio Canova realiza la Estatua de Letizia Ramolino para el alón de baile del Castillo de Compiègne.  Su nieto Napoleón III la adquiriría durante el Segundo Imperio. 


Entre 1803 y 1806 Antonio Canova realiza la estatua de Napoleón Bonaparte como Marte el Pacificador, donada por María Letizia Ramolino, al Palacio Bonaparte de Roma.


Acompañó a su hijo Napoleón Bonaparte desde que fue primer cónsul de la República surgida de la Revolución Francesa (1799), cónsul vitalicio (1802) y, finalmente, emperador (1804-1814) y durante los famosos Cien Días de 1815.   
María-Letizia Ramolino por Robert Lefèvre,1813.


Convertido en un hombre rico y poderoso, Napoleón Bonaparte no se olvidó de su madre a quien le permitió vivir lujosamente además de poder retornar temporalmente a su hogar en Ajaccio.  

Se opuso firmemente a la relación de Napoleón y Josefina y a su posterior enlace.  No acudió a la boda ni permitió tampoco que los hijos que aún tenía a su cargo asistiesen, y ni siquiera felicitó a los novios.  

Las infidelidades de Josefina no hicieron más que acrecentar su odio, hasta el punto de forzar a Napoleón a divorciarse. 

Se negó a vivir en la corte parisina, por lo que Napoleón Bonaparte le concedió una renta vitalicia y el derecho a ocupar el Castillo de Pont-sur-Seine, en Champaña-Ardenas.  Se dice que el verdadero motivo de vivir alejada de París, fue su aversión por Josefina de Beauharnais, esposa de su hijo, el emperador Napoleón I.  

En sus raras visitas a París rechazaba alojarse en palacio y se quedaba en el Hôtel de Brienne, donde se rodeó de un influyente grupo de banqueros y financieros con quienes discutía de economía y que la asesoraban en sus inversiones:  llegó a adquirir una inmensa fortuna.  Siempre prefirió invertir en bienes físicos (joyas y obras de arte) que en terrenos o acciones, pues temía que, si su hijo caía, le fuesen expropiados.  

Declinó la invitación a su ceremonia de coronación imperial.  Lo que no impidió al pintor Jacques-Louis David inmortalizarla es el cuadro La coronación de Napoleón, sino que la situa en un lugar de honor, en la tribuna ubicada justo en el centro del lienzo.  

Tras la reclusión definitiva de Napoleón en Santa Helena, decidió retirarse a vivir a Roma.  Se instaló en el Palacio Rinuccini, lugar que convirtió en memorial de la gloria pasada de su familia.  

En 1815 en un acto de gran misericordia, el Papa Pío VII abrió las puertas de su palacio en Roma para refugiar a la madre de su antiguo carcelero, Napoleón Bonaparte.  


A pesar de su edad y sus dolencias, se mantuvo como la cabeza de su numerosa y familia. 

Falleció a los 85 años de edad.  Fue enterrada en el Convento de Cornetto.  

En 1851 sus restos mortales son trasladados a Ajaccio.  Su nieto, Napoleón III, fue el encargado de construir años más tarde la Capilla Imperial de Ajaccio, donde los restos de su abuela descansarían para la eternidad.