Giulia Gonzaga o Julia Gonzaga nace en Gazzuolo en 1517 y muere en Nápoles el 16 de abril de 1566; dama napolitana; famosa por su belleza e inteligencia; duquesa de Trajeto; condesa de Fondi.
Hija del príncipe Luis de Sabbioneta o Luis Gonzaga y de Francesca Fieschi.
Aprendió latín, griego, historia, arte y literatura.
A los 14 años, la hicieron contraer matrimonio con el duque Vespasiano Colonna.
A los 27 años enviudó y quedó como única dueña y regente de tan ricos territorios, con la condición de que no se volviese a casar.
Giulia Gonzaga se instaló en Fondi como condesa, título que le había concedido su suegro.
Desde su Castillo de Fondi, organizó una pequeña corte renacentista, donde poetas, cortesanos, humanistas, aventureros, artistas y hasta algún que otro amante se reunían.
Tuvo algunos hijos, fruto de sus amoríos secretos.
Se dice que su belleza fue lo único que evitó que acabase en la hoguera de la Inquisición por hereje, ya que fue defensora de algunos aspectos de la Reforma protestante, influenciada por el humanista español Juan de Valdés.
En 1534 Barbarroja asaltó Fondi, cerca de Nápoles, con el objetivo de capturar a la joven y hermosa viuda Julia Gonzaga, para entregarla al harén de Solimán, pero ella había escapado antes, cabalgando en la noche y medio desnuda a lomos de un caballo.
Se dice que Barbarroja estaba preocupado por la enorme influencia que estaba ejerciendo sobre el Sultán Soliman, una de sus favoritas, la esclava polaca Roxelana (futura esposa oficial), por eso buscó a la mujer más bella del mundo para llevarla al harén de Solimán y así alejar la perniciosa influencia de su favorita, pero no lo logró.
Es probable que la familia de los Colonna, que la veían como una mujer ajena a la familia les había arrebatado gran parte de sus posesiones, hayan pedido a Barbarroja que se la llevará.
Las poblaciones de Fondi y Sperlonga sufrieron la temible furia de Barbarroja ante el fracaso de su misión, haciendo pasar a cuchillo a toda los habitantes que se encontraron, saqueando y destruyéndolas. Giulia juró odio eterno a los turcos por aquel cruel suceso.
Giulia decidió pasar sus días en la más segura ciudad de Nápoles, lejos de ataques inesperados de piratas y principalmente de la familia Colonna.
Cuando el emperador Carlos V entró triunfante en Nápoles tras arrebatarle Túnez a los turcos, ella estuvo en primera fila rindiendo pleitesía al poderoso monarca que había resarcido parte de su honor.
En 1566 el Papa Pío V, activó la persecución inquisitorial contra ella. Pocos meses después, fallecía sin que el pontífice consiguiera su cometido. Después de registrar el Convento de San Francesco donde había pasado los últimos años de su vida y encontrar pruebas de su conducta hereje, Pío V aseguró que, de haber visto aquellos textos antes, él mismo “se habría cuidado de quemarla viva”.
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